1163. UNO ES IGUAL A TRES
Gustavo Eduardo Green Sinigaglia | Moustaki

Mamá nos vestía a los tres por igual.
En las reuniones familiares usábamos trajecito gris (con pantalón hasta las rodillas)
y corbata roja (con elástico). Para la escuela el concebido uniforme y -en la mayoría de
los casos- remeras y pantalón corto (mismo color y tono para los tres).
Recuerdo cuando distraído me puse una media roja y otra azul ganándome la
penitencia de toda una tarde en el baño (a oscuras).
¡No vas a salir hasta las siete de la tarde, Gustavo! –vociferó mamá (sin advertir que
había encerrado a Carlos).
No fue su única confusión, una vez llevó a Luis para hacerse un tratamiento de
conducto que me tenía que hacer yo.
Éramos un niño por triplicado. Para colmo no había diferencia de tamaños pues el
mayor era petiso, el mediano normal y el más chico era alto.
Los tres con el pelo cortado “a la media americana” y jopo engominado.
A papá, que trabajaba fuera de casa todo el día, le costaba reconocernos y como era
testarudo (y no convenía contradecirlo) para él yo a veces era Carlos, otras Luis y en
ocasiones Gustavo.
También nuestras tías abuelas (con más razón) se equivocaban (ayudadas por sus
respectivas miopías) por lo que recibía pellizcotes de cachete por multiplicado.
Tanta uniformidad y la suma de situaciones confusas hacían que no reaccionáramos
inmediatamente al llamado por nuestros nombres.
Nunca hablamos del tema con mis hermanos, lo cierto es que sin ponernos de
acuerdo -y ya crecidos- seguimos vistiendo iguales y hasta conservamos el mismo
peinado. Mandatos familiares.
Con el pasar de los años la situación se fue complicando. Me casé con la novia de
mi hermano mayor, Gustavo se recibió de abogado (después de haber estudiado
arquitectura) y Luis (con mi pasaporte) se radicó en el exterior.
Hoy creo que soy Carlos, aunque tengo actitudes de Luis y puede que sea Gustavo.
No lo descarto.