1334. URGENCIAS DELIRANTES
JOSÉ MARTÍNEZ MORENO | Doctor Ziyo

Una ambulancia llega al hospital a toda velocidad y se detiene. Baja de ella un camillero con un hombre en la camilla.

Camillero: ¡Atención! Varón, raza negra, ropa blanca, zapatos a juego con ambas cosas. Cuarenta años, según los anillos de su tronco. Ronquidos de magnitud 7 en la escala de Richter. Dice llamarse Nicolás, pero también Ricardito, Popeye, y María Asunción de las Heras. Yo creo que miente a propósito. Es más, creo que es negro a propósito.

Doctor: ¿Algo más que deba saber?

Camillero: Su mujer le engaña con un anestesista desde hace meses.

Doctor: Me refiero al paciente. Lo otro me lo dijo nuestro perro antes de abandonarlo en la gasolinera.

Camillero: Ah. Pues mire, doctor, presenta dientes por toda la mandíbula. Su respiración es hacia adentro y hacia afuera alternativamente. Si le damos la vuelta no se le ve la cara y de cintura para abajo sigue teniendo la piel negra. Me temo que hay que operar, varias veces.

Doctor: Me parece absurdo todo lo que dice, pero lo daré por bueno porque tiene cara de espabilado.

Aparece en escena una enfermera.

Enfermera: Doctor, el paciente ha perdido mucha sangre.

Doctor: Pues que alguien la busque, ¿es que tengo que hacerlo yo todo?

El doctor palpa la muñeca del paciente y se mira el reloj.

Enfermera: ¿Cuántas pulsaciones, doctor?

Doctor: Ni idea. No estoy aquí para contar pulsaciones, sino para salvar la vida de esta anciana mujer.

Enfermera y camillero: Pero doctor, es un hombre.

Doctor: ¡Dios, no esperaba esta reacción adversa a los medicamentos! ¡Deprisa, al quirófano! Preparen todo para una ligadura de trompas y un bautizo judío.

Enfermera y camillero: Enseguida.

Horas después se abren las puertas del quirófano y sale todo el equipo médico.

Doctor: La operación ha sido un éxito rotundo, a pesar de haberle puesto la anestesia por error a una de las enfermeras. El paciente se llama ahora Salomón y es formalmente un judío con las trompas ligadas. Aunque no venía a cuento, le hemos recompuesto los hombros con piel de las nalgas y después hemos recompuesto las nalgas con piel de los hombros. Un hito en la historia de la Medicina, teniendo en cuenta que cuatro de los presentes en quirófano estábamos borrachos, incluido el paciente. Es un pequeño paso para un oso panda, pero un paso de gigante para una máquina registradora. Propongo salir a celebrarlo. Si alguien me busca, estaré cantando karaoke en el depósito de cadáveres, junto al cuerpo de cierto anestesista.

El camillero se asoma entonces por una ventana que da a la calle.

Camillero: Doctor, ¿no es ese de ahí abajo su perro? Lleva un cartel colgado del cuello. Pone: «Mi dueño es un cornudo».

Doctor: ¡Maldita sea, me ha encontrado! Nunca debí enseñarle a conducir. Ni a escribir carteles. Pero es tarde para lamentaciones. En fin, me voy a cantar karaoke. Adiós, o como dicen los japoneses: arrivederci!

En la calle, el perro ladra.

Perro: ¡Guau, guau!*

*(¡Mi dueño es un cornudo!).