540. VADEMECUM
David Cano Tur | Esteban Rey

Siempre he sido muy escéptico con los ólogos porque basan el conocimiento de su disciplina en la máxima “no hay nada que el tiempo no cure”.

Hace poco tuve que llevar a mi hijo al dermatólogo porque le habían salido extrañas ampollas en manos y pies que le causaban una picazón intensa. La charla derivó a la elección de su oficio ¿y por qué quisiste ser dermatólogo?, a lo que respondió: “ De pequeño me encantaba estallar las burbujas de los envoltorios, así fue cómo empezó todo”. Hoy día mi pequeño lleva visitados cinco especialistas y recetadas otras tantas pomadas.

Recuerdo que una pareja de conocidos que sufría una crisis matrimonial, acudió a la consulta del sexólogo para que les aconsejara en este singular trance. El facultativo de la rama picantona de la psicología les explicó que la disminución del deseo a menudo estaba causada por circunstancias de la relación que necesitaban ser resueltas antes de abordar las dificultades sexuales, proponiéndoles como terapia inicial la práctica del kokigami, el milenario juego erótico japonés consistente en envolver el pene con un disfraz de papel a fin de ofrecerlo a la mujer como un regalo que debe descubrir sensualmente. Mis amigos jamás volvieron a la clínica.

El anecdótico es un género utilizado por los autores clásicos con fines que van desde la edificación moral hasta la maledicencia declarada. En la lengua griega, la palabra anékdota significa “cosas inéditas”, en oposición a ékdota, que son las editadas y accesibles al conocimiento. Basta decir que Procopio de Cesarea, cuyas obras constituyen la principal fuente escrita de información sobre el reinado de Justiniano, usó ocho volúmenes para relatar los escándalos que no había recogido en sus obras editadas: a esta historia secreta, compuesta por hechos vergonzosos, los estudiosos bizantinos le dieron el nombre de “Anécdotas”.

Por pudor no haré alusión al proctólogo, pero sí incluiré en esta relación al endocrinólogo, con sus pastillas imposibles, y al sádico dentistólogo.

Mi cuñado me está recitando unos versos que piensa incorporar en su próximo poemario. Rezan así:

He dejado el tabaco y me he pasado al vapeo
y me encanta porque hay sabores que no esperaba
por ejemplo todos los días sin cachondeo
me hago uno que sabe a queso con mermelada

Los doctores son como los literatos. Sólo unos pocos dan en la tecla.