1067. VANESA FEDERICA Y SU SECRETO
DAVID SÁNCHEZ | Sandrina Faint

Vanesa Federica se estaba vistiendo para asistir a la última cena, después de esa noche todo sería diferente. A Vanessa Federica nunca le había gustado su nombre hasta que una famosilla de nombre parecido empezó a salir en la portada de las revistas por ir a fiestas, conocer chicos variados y proezas de ese tipo. Vanessa Federica se sentía muy cercana a la famosilla porque también se había criado en una familia muy desestructurada. Las dos tenían padres, tíos o abuelos muy chungos. Vanesa Federica seguía a la famosilla en redes sociales con la ilusión de que algún día su vida fuese parecida o, al menos, se pareciese a la de su amiga Martina. Eran amigas desde pequeñas. Su madre cocinaba en la casa de Martina y allí vivían en la zona del servicio. Las trataban como si fuesen de la familia, aunque de una familia un poquito mal avenida porque de un día para otro las echaron a la calle. Los padres de Martina tenían un humor variable. Cuando las niñas empezaron a hacerse mayores, la madre de Martina decidió que Vanesa Federica era una mala influencia para su hija porque le gustaba más bailar que estudiar, como a la inmensa mayoría de adolescentes. Las notas de Martina eran bastante mediocres y su madre decidió suspender a la cocinera y a su hija para que se fuesen con las cacerolas a otra parte. Martina estudiaba y se esforzaba para sacar las mejores notas, pero nunca había sido un talento. La madre de Martina no podía asumir que no era la madre de un genio, siendo una familia de tanto abolengo. Por entonces no existía el comodín del superdotado y su aburrimiento para explicar lo inexplicable y cualquier fenómeno paranormal. Vanesa Federica y su madre lo pasaron muy mal. Su madre no volvió a conseguir un trabajo estable porque ya había pasado de los cincuenta. Vanessa Federica consiguió un trabajo de cajera en un supermercado y llevaba varios años allí. Era una cadena de supermercados con una leyenda urbana en la que se decía que los empleados no eran humanos, eran orcos. También se rumoreaba que el departamento de recursos humanos prohibía a los empleados ducharse, lavarse el pelo y colocar cualquier cosa en su sitio. A Vanessa Federica no le hacían tanta gracia esas leyendas urbanas. Nunca decía donde trabajaba porque le daba vergüenza, aunque últimamente estaba feliz. Martina seguía siendo su gran amiga y la había invitado a su despedida y a su boda. Allí estaría su madre, la de Martina, la suya había muerto sin llegar a entender porque un día la despidieron sin ningún motivo. Para Vanesa Federica iba a ser una cena muy importante con un montón de chicas finas a las que contar las cosas que pasaban en la casa de Martina. Esa noche se lo iba a contar todo a todas al final de la cena cuando ya estuviesen un poco borrachas, o quizá no.