VENCER LA PEREZA
Macarena Navarro Sánchez-Camacho | Maca

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Desvío la mirada de los ojos de Laura hacia la mesa que tiene detrás. Hay una pareja, de aproximadamente la misma edad que nosotras, y parece que se están divirtiendo. Siempre me ha gustado imaginarme las vidas de otras personas, en el metro, por ejemplo, leer atisbos de sus conversaciones en Whatsapp o intentar adivinar el libro que están leyendo. A veces también me pasaba en bares. Prefería pensar en mí misma como curiosa y no cotilla, eran cosas totalmente diferentes. Y también me gustaba pensar que era discreta mientras lo hacía, aunque no podía afirmarlo con seguridad. Estaban bebiendo cerveza pero todavía tenían en la mesa dos tazas de café que ya habían terminado. No me pareció extraño. A mi también me había ocurrido en más de una ocasión: del café pasar a la Coca-cola, después al vino (a veces saltando el refresco) y acabar cenando. Todo dependía de la compañía y de lo que quisieses alargar la velada. Y la velada de esos dos no parecía que fuese a terminar pronto. ¿Serían amigos? Intenté oír su conversación. La chica le preguntaba cuándo era su cumpleaños. Definitivamente no eran amigos. ¿Sería su primera cita? Desde luego la pregunta sonaba a primer encuentro. Devuelvo mi atención a Laura, que no se percata de mi pérdida de atención momentánea, pero mi mente vuela de nuevo. Pensar en las preguntas de la primera cita hacía que me muriese de pereza. ¿Cuántos años tienes? ¿En qué trabajas? Por no hablar de los hobbies, que se habían convertido últimamente en una competición para ver quién era más interesante. Yo no tenía ninguno más allá de viajar o comer (ya fuese desayuno, comida, merienda o cena) y ahora todo el mundo hacía escalada, paracaidismo o era capitán de barco. A ellos no parecían importarles esas preguntas tan triviales. Se notaba que habían conectado por cómo se miraban.

Al rato, veo que recogen sus cosas. Cuando salen por la puerta escucho algo sobre un italiano. Se me escapa una sonrisa. Me parece una maravillosa elección, a todo el mundo le gustan los italianos. También siento algo de nostalgia mezclada con celos. Hace mucho que nadie me hace querer alargar la noche lo máximo posible. Quizás va siendo hora de vencer la pereza y volver a sentir esa emoción combinada con los nervios de la primera cita.