Vestido rojo
ESTHER ANDRÉS MARTÍN | 3fratis

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Ayer hice todo lo que se supone que se debe hacer. Vestido rojo, pelo limpio y asalvajado, reserva en su restaurante favorito, y todos los sentimientos que preceden a una gran cita: agitación, expectación, ilusión…





Decir que nunca imaginé que este día llegaría sería exagerar y mucho. Pertenezco a esa generación que creció con el Disney en 2D, y eso quiere decir que yo también soñaba con mi príncipe azul.



Hace 10 años lo encontré. Hace uno lo dejé marchar.



No nos engañemos, mi corazón estalló en mil pedazos y cada fibra de mi ser tembló encogida durante meses, bañada en agua salada y torbellinos de palabras. Pero sabía que había hecho lo correcto, así que me embarqué en la clásica recuperación de mi propia identidad. Viajé, volví a conducir, luché con espadas, hice bici, boxeo y ballet y fui a más conciertos, fiestas, bebí y comí más erráticamente que nunca en mi vida. Porque necesitaba distraerme pero también explorar.





Eso nos trae al momento presente. A darme cuenta de que no tengo ni idea de cómo funciona esto del dating en el 2024. No tengo ni idea de cómo funciona y punto. La terapia y la recuperación de la confianza y el amor propio solo te llevan hasta cierto punto. Y entonces te preguntas si serás capaz de saltar de nuevo. No voy a mentir, lo intenté hace meses y me eché a llorar – ‘gracias cuerpo por darme una señal tan evidente de que no estaba preparada’.



Hace unas semanas la sensación fue diferente. Con amigos de amigos, a través de APPS, e incluso con desconocidos tras encontronazos de estos ‘que hoy en día ya no pasan’. He tenido conversaciones que no avanzaron o acabaron en bloqueo y otras que desembocaron en sushi, pelis, spinning o café.



Creo que una de las mejores partes de todo esto son las sesiones de coaching con amigos, el intercambio de experiencias. El darse cuenta de que todos queremos lo mismo, con una presentación diferente, unos colores únicos, pero al fin y al cabo: conexión. Las ganas de compartir, con un poco de suerte, algo más que un paseo en moto o una más que satisfactoria noche (y mañana) de sexo.





Y entonces veo que lo estoy haciendo. Porque me tengo a mí, y siempre me tendré. Porque tengo por amigos a algunas de las personas más maravillosas sobre la faz de la Tierra. Porque hace tres días descubrí que me encanta escalar y ahora como un niño con más extraescolares que horas en el día, hago malabares para hacer todas esas cosas que me hacen feliz. Que me hacen ser yo. Porque pocas otras citas serán tan relevantes como esas primeras veces conmigo misma. Porque nunca es tarde para descubrir que siempre fui mi propio príncipe azul.





Ayer hice todo lo que se supone que se debe hacer. Vestido rojo, pelo limpio y asalvajado… Sentí expectación, ilusión pero también calma, seguridad, confianza.



Ayer acabé diciendo te quiero, a mi mejor amiga y a la Vida.