702. VIAJE A SICILIA
Ramon Cabrera Acero | Ray

Fui a Sicilia para huir de mí mismo. Fui a Sicilia porque había visto El Padrino cincuenta veces y quería tener las mismas experiencias que tuvo Michael Corleone cuando huye de la mafia de Nueva York, después de matar a Solozzo y al capitán de policía; oler y pasear por los campos de lavanda, tomillo, romero…
Allí la pizza y los spaguetti los hacen muy buenos, pero no encontré ni rastro de los caminos perdidos, polvorientos, pedregosos y calurosos que yo esperaba encontrarme. Todo eran carreteras asfaltadas. Además, me cogió la peor semana de lluvias en veinte años…
¡Ay, Sicilia! También quería enamorarme de una siciliana para quitarme de la cabeza a una española, quería que fuera en Stromboli, isla volcánica, y si podía ser en medio de una erupción.
En Stromboli estuve cuatro días pero no encontré ni un alma de menos de 60 años, así que decidí investigar un poco en la vida de Ingrid Bergman. Su aire lejano, su mirada perfecta, con sus ojos llorosos, su sonrisa lenta, siempre me habían fascinado.
Encontré a un anciano, perdido en un pueblo del interior, que me contó su historia. Él había trabajado como porteador en la película Stromboli y me invitó a su casa. Me preparó un plato de spaguetti muy aromatizado y me confesó que Ingrid Bergman era la mujer más generosa que había conocido nunca. Yo sólo entendía el veinte por ciento de las cosas que decía, pero ya tenía
suficiente. Además, los espaguetti estaban buenísimos. El hombre tenía noventa años y caminaba con bastón, pero la memoria la tenía intacta.
No encontré a mi siciliana, pero un día, en un tren de Mesina a Palermo, un hombre al que no conocía de nada se sentó en el mismo vagón que yo, frente a mí, y me dijo:
-Soy ginecólogo.
-Muy bien -le respondí.
-¿De dónde eres? -me preguntó.
-De Barcelona, pero ahora estoy viviendo en Madrid -le dije.
Y él, saltando de un tema a otro como quien pasa de los postres al café, continuó:
-Y los homosexuales… en Madrid… ¿Cómo viven?
-No lo sé, cómo quieran ellos, supongo.
Y añadió:
-¿Y tú?… ¿Has estado alguna vez con un hombre?
…No encontré a Michael Corleone. No encontré a la siciliana de mi vida, pero comí mucha pasta hecha con cucharón y que olía a todos los campos sicilianos. Y también conocí a un hombre feo y pervertido que me quiso echar los tejos.
Días después pude averiguar a dónde se dirigía ese hombre: a Palermo, porque allí los chicos jóvenes que llevan los carritos de música, si les pagas bien, te hacen un trabajito rápido.
Al final me hice amigo de un sudafricano en Roma, que me explicó que las estrellas enanas eran el resultado de un exceso de gravedad, y que una cucharada de masa de una estrella enana equivale a no sé cuántos millones de kilos en nuestro planeta.
Qué le vamos a hacer.