383. VIDA ABURRIDA
José Ramón Ramos Martínez | Auroch

Mi vida transcurre aburrida y sin sobresaltos. El espacio que me han asignado detrás de los barrotes apenas me permite dar unos cuantos pasos. Las comidas constituyen una dieta monótona y previsible: carne, pescado y fruta, casi siempre del mismo tipo.

Suelo recibir bastantes visitas que vienen a verme, aunque yo preferiría que no lo hicieran. Algunos se quedan mirándome con cara de imbécil sin decir nada. Otros no hacen más que decir tonterías y sandeces y algunos muestran ciertas risitas nerviosas que ocasiona mi presencia.

Hoy, hastiado de tantas idioteces, he dado la espalda a mis visitantes y he soltado una ventosidad que ha hecho temblar los barrotes. Al momento he escuchado la voz de un crío decir:
¡Vaya oso tan cochino! ¡Este no es como mi osito de peluche!
Inmediatamente han abandonado las inmediaciones de mi jaula. Ellos dicen que van a ver a los leones o a los elefantes, pero yo sé que el verdadero motivo de su huída son los efluvios difundidos por mi portentosa flatulencia.

Me dirijo tranquilamente a tumbarme en un rincón esperando que reine la paz frente a las rejas durante un buen rato.