1137. VIVE LA FRANCE!
Marta Solano | Eugene O´Neill

Emmanuel Macron quería ser puntual en su importante cita en Downing Street. Tenía que limar asperezas tras la salida del Brexit para empezar bien el año en el que La France iba a brillar. Sin Merkel, él, oui, seulement lui, sera le président de L´Europe. Esbozó una sonrisa ante el espejo, mientras estudiaba su mejor perfil: le droite, toujour le droite. Alzó el puño en un gesto amenazante, elevó el mentón y frunció el ceño como tantas veces había ensayado para conseguir ese aire de político interesante.
–Merde! –pensó el pequeño gran estadista–. Unos centímetros más y sería el nuevo Napoleón.
–Monsieur le Président, c´est l´heure –le interrumpió su asistente.
Ese Boris le caía gordo, ¿quién se había creído? El Brexit era un error que pagaría caro. A l´enfant terrible anglais solo le preocupaba la fiesta y, con su popularidad en picado, un acuerdo con La Grande France le daría una nueva imagen, que falta le hacía.
En una sala pas trés chic, Macron tomó la taza de té y, con una media sonrisa, estudió el rostro rosáceo de su oponente. Se enjugó la voz y comenzó con su listado de condiciones:
–Lo primero, Boris, como presidente de Europa que visita un país amigo, toca inmortalizar este momento: tú sentado y yo de pie.
–Lo entiendo, te ofrezco mi regazo, así los lazos serán más estrechos –el presidente galo dio su aprobación, al comprobar que su tuppé sobresalía unos milímetros.
Tras posar ante los fotógrafos, los mandatarios recuperaron la compostura y volvieron a quedarse a solas.
-Parfait. Maintenant, cher Boris, segundo asunto: este es de alto secreto e innegociable. Verás, Boris, quiero ir a tus “Fiestas del vino de los viernes”. He leído que son las mejores de Reino Unido.
–Son muy exclusivas, oh yeah, aunque para vino el de Burdeos.
–Oui, es cosa mala… ¡Ah! Y antes de volver al Elíseo, necesito una partida del mejor whisky escocés que tengas. El confinamiento es muy duro y no puedo con tanta cumbre telemática.
–¿Camuflado en botes de hidrogel, como la última vez?
–Sí, claro.
–Y, del resto de asuntos: ¿la pesca, la inmigración…? –se atrevió a preguntar Boris.
–Son temas menores. Cheque en blanco, Boris, cheque en blanco.
Y así, los mandatarios firmaron la paz y celebraron, vaya si celebraron, sus buenas relaciones. Macron acabó saliendo a gatas de Downing Street, creyendo que nadie le veía.
–En La France sí sabemos hacer las cosas bien, no como estos británicos –le dijo a su asistente, que cargaba con las botellas de hidrogel.
–Bye Boris, je retourne à la civilisation, à mon Europe.
–Au revoir, mon ami! –se despidió el Premier desde la puerta, mientras guiñaba el ojo a alguien oculto al otro lado de la calle.
Al día siguiente los tabloides británicos sacaron en portada la cariñosa foto de los mandatarios y la salida a gatas del francés: “Macron arrastra Europa”, “Días de vino e hidrogel” o “Europa en las rodillas del imperio británico”.