258. VIVIR.
Susana Sedeño López | Nara

Subía los peldaños de la escalera de dos en dos.
Subía con el ansia del niño que yace en su cama,  la noche de reyes. 
Esperaba llegar la primera, y sin embargo, le adelantaron varias veces.
Subía esperando encontrar la belleza. 
Subía esperando encontrar la perfección.
Esperando encontrar el mejor beso.
La cita perfecta.
El mejor instante para inmortalizarlo.
Pasaban los años y el desánimo ensombrecía a la ilusión.
No encontró el peldaño del éxito.
Ni tampoco el de la fortuna.
Se saltó el peldaño de la amistad, sin apenas darse cuenta. 
Y pasó de refilón por el peldaño del amor, por miedo a quedarse demasiado tiempo. 
A lo largo del tiempo, el apoyo incondicional de la mano materna. Que desapareció sin apenas haberla estrechado con pasión. 
«Y cuando ya llegué al final de la escalera, agotada y gastada por el paso del tiempo,
me preguntó: ¿por qué llegas tan triste?, has llegado hasta el final. A lo que yo le contesté, enumerando todo lo que no había logrado encontrar. ¿Qué he hecho mal?, le pregunté ansiosa».

Vivir, te has olvidado de vivir.