Volvió a mis veranos.
Blanca Guillén | Blanquitta G.

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Compartimos veranos y pipas. Ahogadillas y secretos. Más de una borrachera y muchos abrazos. Crecimos juntos entre cursos escolares. Con buganvillas de fondo, el inconfundible olor a aftersun Ecran y el mediterráneo hortera de los 90. Estuvimos tentados a darnos algún beso (porque a esa edad, los besos y los Calipos nos los intercambiábamos como cromos) pero cerramos esa puerta en pro de la amistad.

Hasta que llegaron los amores serios, la universidad, la vida. Las responsabilidades y la distancia. Cada uno hizo y deshizo su vida tantas veces como pudo o quiso.

Y en una mudanza, una carta vieja aquellos veranos.

¿Y si le escribo?

– Qué bien saber de ti.

¿Qué hará por aquí?

-De vuelta a casa, por vacaciones. ¿Tomamos un café en la plaza?

Claro que sí.

-No has cambiado, ríes igual. Te reconozco en la mirada, sigues siendo la misma.

En su abrazo, yo también viajé en el tiempo.

¿Qué habrá sido de su vida?

-Cuéntame más.

Nos bebimos años, en horas.

-Me tengo que ir. No desaparezcamos otra vez, por favor, que sea un hasta luego.

Otro abrazo, un beso en el hombro (solo visible en verano) y un ojalá vernos pronto, todo mezclado con un ligero regusto a no entiendo muy bien qué ha pasado aquí. Entre nosotros. Ahora. Después de tanto. Después de tan poco.

Dos horas. Un mensaje.

– Me habría quedado contigo, de haber podido. Me ha encantado verte.

Quizá no haya sido solo cosa mía y él también ha notado ese no sé qué.

– Te habría besado. Unas cuantas veces. No me he atrevido.

Oh oh. Esta sí que no la he visto venir.

– Quizá otro día, si quieres…

– Quizá ¿he hablado demasiado?

– Quizá sea rarísimo y un desastre. Después de todo, ya hemos estado aquí. Así de cerca, en lo que parece ahora otra vida. Pero…

Está nervioso y me está poniendo nerviosa a mí. Joder, si esto era un café. ¿Cómo hemos acabado aquí? Piensa, piensa. ¿Es sólo un beso? No es solo un beso. ¿Y si sale mal? Pues otra más. Unas risas, una cerveza y mi amigo de siempre. ¿Y si sale bien? Jodeeer, ¡esto no era una cita! Qué cojones. Va. Ven.

– Dame tu dirección.

Mierda. Mierda. ¿Debería ponerme unas bragas +18 y quitarme el pijama?

– Llego en media hora.

Ahora sí. Es una cita.