3. VOODOO CHILD
Felipe Aristizábal | Arimbowski

Mira, yo sabía que esa noche Raúl iba a estar en Voodoo Child; solo lo conocía de vista, mi mente estaba clara “hoy no te me escapas cabrón”, es que vieras lo rogado que era ese hombre y mira que yo no soy fea; capaz eso es lo que me gustaba de él, su desinterés, su aura misteriosa o su actitud de tirarse pedos perfumados.
Bueno, que me voy por las ramas, ya eran las once y media y estaba a una persona de pasar, llego a donde los seguratas, me ponen pocas pegas, sin embargo, me advierten que me van a poner una manilla y que si me la quitaba tenía que pagar una cuantiosa multa, el material era como de huesitos de animales, en el momento no le preste mucha atención en mi cabeza lo justifique diciéndome “es Malasaña, lo raro es norma”, me puse la manilla y continúe adentro.
Luces rojas, verdes, naranjas y amarillas se intercalaban en un esquizofrénico parpadeo, tótems decoraban el lugar y en la mitad el DJ tras su mesa que con su anormal altura y piel ceniza bailaba con esqueléticos movimientos. La gente bailaba desposeída y en perfecta sincronía, cuando cambiaba la música cambiaban de pareja y se sincronizaban en un milisegundo. Yo iba en modo buitre, o sea, girando la cabeza mirando en todos lados en busca de mi presa, hasta que la encontré. Pisé la pista de baile para dirigirme a él, pero en el segundo en que mi pie toco el suelo, mi alma sintió salir de su cuerpo y me deje llevar por la música, se me acerco un tipo bailando, se acercó a mi oído y me dijo lo que dicen todos los tímidos “¿estudias o trabajas?”, hombre, al menos algo de originalidad ¿no?; de repente, pum, manotada del DJ, cambia canción y cambia pareja, el baboso siguiente solo me mando la cara y a toda velocidad mi mano se movió para cachetearlo antes de hiciera contacto conmigo; pum, manotada del DJ, cambia canción y me toca con Raúl. La verdad al ver a todos besarse con todos yo ya iba cachonda, bailamos, se acerca a mi cara, me ilusiono, casi lo que sea que me dijera me iba a poner puesta para él, no fue así. Muy aire de interesante y todo, pero no se le ocurrió decir más que lo que nunca antes se le ha dicho a ninguna mujer, la única y todopoderosa frase que solo se le pudo haber ocurrido a él, ahí te va “¿por qué tan bonita y tan sola?”. Esa noche se bailó mucho, se disfrutó, pero ni un solo puto beso, yo no estoy para besar babosos.
Meses después me dijeron que cerraron la discoteca porque descubrieron que se practicaba brujería adentro, yo nunca sospeche eso y la culpa del raro ambiente que se daba adentro se la otorgué a que ese día yo iba hasta las trancas de pastillas; ¡ay Dios! lo que hay que ver.