1448. VUELO 666 DELTA-KOI
María Ángeles González Contreras | Buenaventura Guzmán

Más cansada que el mecánico de los Transformers, hacía cola en el casi recién inaugurado puerto espacial de Morón. Ese día me había venido arriba, era mi “cumpletraslaciones” y quería dar lo mejor, había tenido la idea feliz de ir “sencillita” así que me calcé unos tacones de vértigo y me enfundé en un mono plateado por cuyo generoso escote rebosaban parte de mis tres potentes tetas. Con dicha planta, trataba de hacer equilibrio agarrando a mi perrete verde con un brazo mientras sujetaba el salvoconducto, expedido por el mismísimo Área 51, con el otro. La aeronave se había averiado en el último momento y ya llevábamos dos horas de retraso. Humanos y extraterrestres protestaban como en aquellos inolvidables 8M que se perdieron como se perdió fumar en los bares y beber en los trabajos…, ¡qué tiempos aquellos! En fin, el vuelo hacia mi planeta, Delta-KOI, no salía y el ambiente se caldeó tanto que finalmente apareció, por el mostrador de embarque, el típico azafato de nómina fija, con menos ganas de trabajar que el que le puso el nombre a los Montes de Toledo. El “buen señor” se dignó a informar sobre la anulación del vuelo, simplemente no daban con la tecla para reparar la nave.
—Y ahora se marchan, que ya se les llamará para darles otra solución cuando sea oportuno, rapidito y despejando — gritaba aquel empleado a lo López Vázquez.
—De eso nada, de aquí ni yo ni nadie se marcha sin una solución contundente. A ver, amable caballero, tengo que estar en mi planeta en seis horas terrestres porque tengo festejo, ya sé que a usted le importa poco, a mí sus problemas también, pero resulta que he pagado una buena suma por el viaje y no me da la gana…Ya le está diciendo a su jefe que venga y dé la cara, que nos traiga un platillo volante desde la Luna y, si hace falta, que lo pilote él también. No tienen vergüenza ni usted ni su jefe. Conozco perfectamente mis derechos.
— ¿Sabe usted con quién está hablando?, ¿sabe quién soy yo? El Director de Airmultiverso Morón y no le voy a llevar a ningún sitio, criatura inhumana. Se van a sus casas ya, marchando que es gerundio—replicaba de forma soberbia.
Ese fue el momento en el que me dio igual que me tragase la tierra porque lo que quería realmente era que se abriese un agujero pero para meterle la cabeza al pierde misas con cargo. Así que cogí fuerzas y, haciendo alarde de mi especie, me lo comí. Ese día me salí con la mía aunque perdí mi fiesta de cumpleaños y me llevé una indigestión. Sin embargo, tanto tiempo en la prisión de Alcalá, me ha llevado a cuestionar la vida por lo que dejo a este mundo la siguiente enseñanza: “deshaceos de vuestro ego y tratad bien a los demás para que no os coman, hijos míos”. Bueno, Otra más y me voy: “en las guerras todos pierden”.