¿Y AHORA, QUÉ SOY YO?
Andrea fraguela rodríguez | Afragro

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Fui una primera cita. Trajeada, deseada, bonita.

Me gesté en la incertidumbre y las dudas, en el no saber si tenerme o no como quién no se decide a ampliar la familia. Me vistieron de ilusión, de “ojalá”, de consejos amicales, conversaciones bajo la ducha, nervios en el estómago y eternas consultas.

Me crearon con el fin de cumplir las fantasías de lo que podía traer, porque todo el mundo cree que aquello que nace viene con un “pan debajo del brazo”. Me pensaron, me anhelaron, me preguntaron y me planearon, y al final, germinó, bajo un “a ver qué tal” restando importancia al deseo de que trajese el mejor amor.

Fui una primera cita y me convertí en páginas de diarios, en charlas memorables con unas copas de vino, en audios que enviar, sonrisas involuntarias y en ojos vidriosos de persona enamorada.

Fui una primera cita que no dejaron de mentar, tanto que casi me sentí cita célebre sin nada que envidiar a las de Platón u Óscar Wilde. Entre las 12 entradas más buscadas, o tras un montón de envidia sana, ahí podía estar yo.

Fui una primera cita, esa de la que presumir ante los demás con las ínfulas de una abuela vanagloriándose de los logros de un nieto. Fui cargada de elogios, de ilusión y de cierta magia y fantasía. Quizás pretensiones de lo que ansiaban que hubiese sido, o simplemente delirios amorosos de los que fui el precursor.

Fui una primera cita a la que convirtieron en ordinaria. A la que fueron desvistiendo, despojando de todas sus galas, reconvirtiendo en despecho, en malos recuerdos y un sinfín de sensaciones nefastas. Una que dejó de ser renombrada para ir acompañada de un “prefiero no recordar”, de bolas de helado en el sofá, de lágrimas en la cama y de la llegada de la soledad.

Fui una primera cita que dejó de considerarse primera, e incluso cita. Esa a la que cargaron de arrepentimientos, de “en qué momento…”, a la que le arrancaron las páginas que le dedicaron y los empeños que le habían otorgado.

Fui a la que le reescribieron la historia, una que desearon no contar. A la que quitaron todas las medallas que le habían colgado y que dejó de meritar. Esa a la que sin razones empezaron a cuestionar.

Fui una primera cita que desearon no tener. Lo fui, hasta que dejé de serlo, siquiera un vago recuerdo.

Fui una primera cita, y ahora no lo soy. Soy un “Perdona, pero no te recuerdo” cuando llega mi presentación.

Fui una primera cita, esa que sin el “ellos”, nunca existió. ¿Y ahora, qué soy yo?