1198. Y ASÍ PASA LA VIDA
Nieves Agüera Antolín | Nieves Lagüera

En la vida hay muchas cosas arriesgadas, cómo es ponerse unas bragas y que se te
enrosquen debajo de la tripa, y vayas todo el día así, desenroscando y de paso subiéndote el
vestido. Eso es sólo un ejemplo. Otro que os puedo poner es coger un autobús.
Estás en la parada del autobús, y te montas deprisa y no sabes bien si es el acertado,
vas sudando todo el camino, y te preguntas ¿Será este mi autobús? ¿o me va a llevar a tomar
por culo, y por vergüenza no pregunto? ¿Habré acertado con mi vida? Ese ya es otro relato
perdón.
Vas todo el trayecto en tensión, apretando el culo, a ver si da la vuelta donde la tiene
que dar o no, con un corte que no te atreves a preguntarle a nadie por si piensan, que no
sabes dónde vas, que ya estás mayor o yo qué sé.
Eso me pasó ayer, y encima había quedado para irme de viaje; a mitad de trayecto y
con la braga enroscada y clavándose en mi bajo vientre, el autobús se desvía, era de noche y
achinando los ojos mirando por la ventanilla desesperada, le pregunto a una señora que va a
mi lado, oiga – ¿Pero este bus a dónde va?
La señora me mira, me pregunta dónde voy, me echa una perorata sobre las obras, los
intereses de los políticos y mi garganta se empieza a cerrar, mientras el bus da vueltas en la
noche
-No llego y se van sin mí- Me acerco al conductor, un niño sentado en un asiento junto
a sus tres hermanos cae de un empujón y choca sobre mi mano, mi móvil se desplaza
peligrosamente hasta la puerta, ¡veo que la parada siguiente está llegando y la puerta se abrirá
y -Oh dios mío! Un señor se levanta amablemente a recogerlo se agacha y sale despedido a la
calzada, cruzo el autobús chillando que pare. Para en seco, vuela el bolso de la señora que
estaba a mi lado, me da en una pierna ¿Qué lleva la señora en ese bolso un misil? Con la pierna
renqueando, voy hacia la puerta a recoger mi móvil, que suena sin cesar, el señor puede
esperar, hay prioridades. Las sirenas del 112 van llegando, no puede el autobús seguir hasta
ver los hechos y venga la policía. Me siento en la acera, me saco las bragas, ante la
estupefacción de los presentes – ¡No puedo más! total ya me da igual todo; viene un taxi, le
paro, y escapo de todo ese embrollo – Señora, me gritan desde el autobús
– ¡Corra señor! ¡Huyamos de ahí! Al montar se me ve la entrepierna desnuda, el taxista me
lleva a la comisaria, me deja en la puerta pensando que estoy desquiciada, me echo a llorar; eltaxista en la huida se lleva mi móvil, una policía sale y me pregunta qué me pasa
– Nada digo, no me pasa nada.