Y POR FIN SUCEDIÓ
Iris Rodríguez | Iris Rodríguez

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Un gesto tan simple como cogerse de la mano para mí era un mundo. A mis veintimuchos años no lo había vivido nunca.

Tener amigos con derechos o rollos de una noche no te da la, llamémosle potestad, de ir paseando de la mano por el parque, cogerse la mano en el cine… Así que no, nunca había tenido la oportunidad de coger la mano de mi pareja. También es cierto que nunca había tenido una relación seria.

Devoraba series coreanas porque me gustaba su forma de vivir el romance. Para ellos cogerse de la mano, era como para los europeos besarse, algo muy íntimo, una forma de demostrar amor. Y qué ganas tenía de sentir exactamente eso.

También veía a mis abuelos cogerse de la mano a cada momento que podían. En esos instantes yo soñaba con encontrar a alguien con quién pudiera hacer lo mismo.

Y lo encontré. Nos había costado mucho definir nuestra relación, pero estaba claro que nos queríamos muchísimo.

El día en cuestión fue bastante improvisado, fui a acompañarle a recoger un paquete y terminamos en un centro comercial. Entre tienda y tienda nos abrazábamos, me pasaba el brazo por los hombros, nos besábamos… y tomamos la decisión de ir a ver una película que yo hacía mucho tiempo que quería ver en el cine. Me puse a dar saltitos como una niña pequeña y él me miraba algo atontado con una sonrisa de oreja a oreja.

Tomamos rumbo a las salas de cine cuando por fin sucedió lo que tanto había soñado que pasara ¡y ni siquiera se me ocurrió a mí!

Su mano agarró la mía como si fuera lo más natural del mundo. Yo me quedé quieta, nuestras manos unidas me transmitían mucha seguridad, no solo en él, sino en nosotros. En ese momento supe que podríamos contra todo.

Él notó mi rigidez y me preguntó qué pasaba. Cuando me sinceré y le dije que era la primera vez que me cogían de la mano se echó a reír. Pero en vez de salir despavorido, por lo que podría haber entendido como un comentario infantil, me agarró más fuerte. Sus siguientes palabras fueron: pues vete acostumbrando. Y ya no me volvió a soltar.