554. ¡Y SI FUERA ELLA!
Agnès Ortega Pérez | Agnès Ortega

Una mujer elegante con todo un futuro por delante, con un buen marido y un buen trabajo. Por supuesto que también con una buena casa y con una oficina a la que una puede envidiar.
Pero llega el día en que ya no soporta a su marido, se fue la pasión, se fue el amor, el querer, vamos todo lo que puede unir a una pareja. Se separan y ella se queda con la casa y renuncia al resto, es una separación. Pasa el tiempo y las cosas siguen empeorando.
Un buen día conoce a un hombre muy singular. Es un hombre que la escucha y la comprende. Se lo encuentra frente al edificio donde ella trabaja. El buen hombre le pide si algún día podrían salir a tomar alguna copa. Ella se queda perpleja al ver la mirada tan dulce de ese hombre tan sencillo y encantador.
Por supuesto que accede a la cita. Pero enseguida cae en la cuenta de que no tiene ningún vestido para la ocasión, ni dinero para las copas. Así que va a la oficina donde esconde una pequeña caja en su despacho, detrás de la pared junto a la mesa. Allí tiene las cuentas secretas, coge dinero y lo apunta en un papel en qué lo iba a gastar.
De este modo pasa mucho tiempo, siguen saliendo hasta que un día ella se queda sin empleo, porque la empresa quiebra. Pero ella le oculta su ruina al hombre maravilloso que había alegrado su vida. Llega a un punto de su vida que él la busca a la oficina sin acceder al edificio, ella lo evita. Ella recurre a escalar por la parte de atrás del edificio, por unos andamios. Entra en su antigua oficina para recoger su dinero pero descubre que no le queda nada en la cajita, solo el papel que pone todas las deudas que tiene.
Vuelve a bajar disimuladamente para que no la vean y se vuelve a casa, dejando plantado al amor de su vida. Da una excusa estúpida para que no averigüe que está desempleada.
Al llegar a casa con las lágrimas aún en los ojos, se sienta en el sofá para poder recapacitar e intentar solucionar la situación en la que se ve envuelta. Empieza a pensar como decírselo al hombre maravilloso y de repente entre tanto pensamiento se oye como la puerta de casa se abre y entra por ella su exmarido diciendo “me lo he pensado mejor, que sin ti no puedo vivir y como me he enterado de lo de tu empresa pues mucho tiempo de vida lujosa no te queda”. La verdad que su ex tenía toda la razón, ella estaba acostumbrada a vivir en un alto “standing”. Por lo que sin dinero no sabría que hacer.
¿Cómo pagaría las facturas pendientes? El mundo entero se le cayó encima ya que el hombre de su vida es la persona a la que quería pero no el que la mantendría. Se quedó con la infelicidad.