562. ¿Y SI…?
SARA RODADO SÁNCHEZ | April Nomad

Isa y Mario se miraban con los ojos vidriosos, emocionados, mirando el boleto de lotería. Adiós a su mierda de vida limitante. Podrían tener la casa de sus sueños, un jardín y, sobre todo, tiempo y dinero para tener hijos.
Pensaron en los nombres, más no siempre se está de acuerdo en eso. Era pronto, así que lo dejaron pasar y apuntaron, de estraperlo, los que cada uno quiso, esperando que el otro no se acordara de los nombres vetados.
Después hablaron de la disposición de la vivienda. Isa quería una sola planta, para cuando fueran mayores no tener que subir escaleras. Mario prefería dos plantas y un ascensor, pero aceptó la preocupación preventiva de Isa, sobre… <¿Y si se estropeaba el ascensor?>. Así que cedió. Pero claro, ahí empezaron los <¿Y sí...>.
De ese <¿y si...?>, pasaron a planificar el número de hijos.

-Dos máximo- dijo ella, ya que era quien los tenía que parir, y era cadera estrecha, paticorta y cuerpifina.

Pero él dijo -¿y si se muere uno? El otro se quedaría sólo-.
Isa abrió los ojos como platos y empalideció.

-No, claro, pues… si muere uno, podemos adoptar otro. Con dinero no ponen trabas- quiso solventar Isa.
Entonces Mario puso sobre la mesa otro inquietante <¿y sí...?>. ¿Y si el hijo superviviente lo tomaba como que intentaban sustituir a su querido hermano fallecido y le cogía asco al nuevo? Y de ahí, pensaron, que además el adoptado ya habría pasado suficiente, hasta posibles malos tratos, como para aguantar eso. Incluso ¿Y si alguno se volvía rebelde y agresivo y tenían un Caín y Abel?
Ambos empalidecieron esta vez.

-Vale, vale… Entonces tres mínimo. Nuestros. Integrados desde el principio para que no se cojan tirria. Y espero que no se nos muera más de uno- resolvió Isa, sufriendo un escalofrío.

Ya tenían pensada la casa y los hijos. Ahora tocaba hablar de los hábitos.
Actualmente, viajaban cuando podían. Iban de aquí para allá, entre ferias gastronómicas, recreaciones medievales, fiestas populares regionales… con hijos no tendrían tanta libertad, pero con dinero…

-Una niñera- espetó Mario.
Enseguida Isa entró en la negación. Le preocupaba que a sus tres hijos les pasara algo. ¿Y si los maltrataban?

-Pondremos cámaras- solucionó Mario.

Y entonces empezaron a imaginar. Si les hacía daño esa niñera, siempre podían contratar sicarios… Y de repente tenían una niñera muerta y se estaban gritando, sofocados, abatidos, furiosos, con miedo de que les descubriera la policía por tener una niñera, jamás contratada, enterrada en su jardín a causa de haber maltratado a sus tres hijos imaginarios.

Se quedaron un rato en silencio, pálidos, sin confesar lo inconfesable. Hasta que ella dijo tímidamente -¿Y un gato?-.

-Un gato bien criado… se cuida solo- respondió él.

-Y ahora hay comederos, bebederos y cargaderos automatizados, que pueden suministrar y limpiarse con una aplicación, desde el móvil-.

Y se volvieron a quedar en silencio, mirando el boleto. Deseando que no tocara esta vez, hasta tener todo su futuro bien atado y planificado.