1272. YA CAYÓ LA NOCHE
Darío Javier Morcillo Joyas | CR7 Scorsese

La noche. Qué rebuscada. Menuda amalgama de sensaciones. Cuántas versiones diferentes es capaz de albergar.

Siempre sentí cierta atracción por ella. Intuyo que mi inamovible desprecio por esa blanqueada actividad conocida como madrugar fue una potencial ayuda. Nunca entendí su utilidad. Qué sentido tiene despertar y que lo único que te apetezca sea querer abrazar a la muerte. Ningún sentido. Por eso hay tanto funcionario.

Háblame mientras desayuno. Quizá no te asesine, pero lo más probable es que pague a algún vidente o curandero para que practique vudú contigo. Evitaré pronunciarme sobre los que salen a correr al alba. No quiero que me cancelen en Twiiter.

Sin duda, me decanto por la noche. Más divertida. Televisión con menos censura, fiestas en discotecas, cenas en los mejores restaurantes (Lamucca, mi favorito), beber sin parecer un alcohólico, puedes intentar ligar…. La oscuridad ayuda ocultar la cara de zapato que llevan algunos. No es insultar, es una evidencia.

Además de ser el mejor escenario para el desenfreno y la pasión, qué hay de esos días en los que decides no salir y te atrincheras en tu cama a ver, tapado hasta arriba, el enésimo episodio de tu reality de segunda favorito mientras devoras toda la comida basura que has podido arramblar de la cocina sin que parezca que la ha asaltado una banda criminal. Qué placer. Y si llueve fuera, mejor.

Alto. No todo puede ser campaña en pro de los vividores de este país. ¿Qué hay de los sufridores? Llorar por amor a las tres de la tarde, con la de día que queda. Qué cutrez. Un poco de decencia, por favor. Sólo hay que tirar de archivo. Los grandes mártires de la cultura popular descubren el dolor que arrastra su alma durante la noche y, si puede ser, a la luz de la luna. Más poético. No me pidáis ejemplos, sólo veo realitys.

¿Y ese aura inspiradora que destila? ¿Cuántos artistas han estado presos de la creatividad más apasionante que durante las horas más intempestivas? Y no sólo artistas. Generalicemos. ¿Cuántas personas, seducidas por la oscuridad, no han tenido un momento de iluminación en el que han alcanzado la determinación y los argumentos suficientes para dar un giro radical, y necesario, a sus anodinas vidas? Sin el fervor nocturno jamás hubieran llegado a ese punto. Luego sueñan que van al espacio con Cristiano Ronaldo en bicicleta y despiertan pesándoles tanto su existencia que se desligan de sus anhelos de forma inapelable.

Son argumentos de peso, lo sé. Todos ellos científicamente demostrables. No entiendo por qué mi jefe se tomó tan mal que le escribiera a las cinco de la mañana exponiéndoselos para no ir a trabajar a las ocho. No pasa nada, ahora tengo toda la noche para buscar cómo hacerme funcionario.