963. YA ES OFICIAL.
César Constantí Daniel | ccd

Ya es oficial. Y que conste que nunca supe ligar. Pero…
Iba yo por la calle pensando en mis cosas y, de repente, me detiene una rubia despampanante. Madre mía. ¡Qué cuerpazo!
Y va y me dice: “¿Perdona, tienes un momento?”
Y yo, que soy tonto de nacimiento, pongo mi torpe cerebro a funcionar:
¿Me está hablando a mi?
“Si ya de entrada me pide perdón… ¿Qué coño debe estar tramando?”
Joder qué ojazos tiene…
Aunque es un poco más alta que yo. Pero cómo soy un poco sumiso, tampoco sería un problema.
Ostras… Vaya par de…
Y la chica, insistió: “¡Hola! ¿Estás ahí?
Claro, yo no estoy acostumbrado a que una mujer de bandera se dirija a mi si no es para darme una buena hostia, o para decirme cosas como “¿Te puedes apartar?”…
Así que me armé de valor y me dije a mi mismo: “Tío, esta es tu gran oportunidad de abandonar el onanismo”.
La miré a los ojos (lo que confesaré que me costó bastante ya que la mirada se me iba hacia otras partes), di un paso hacia ella y me situé frente a semejante monumento.
Su presencia me hacía temblar las piernas. Y debo reconocer que había algo que aún me asustaba más: ¡Me estaba sonriendo!
Pero como os decía, había tomado la decisión y estaba envalentonado a responder.
Y como soy muy dado a ser “peliculero”, pensé en una táctica que hace ya tiempo me enseñaron en un cursillo de teatro. Se trataba de imaginar una música que vistiera la escena para ayudarte a entrar en el papel. Así que me puse a pensar a toda velocidad, pero no comprendo por qué extraña razón, la única canción que me venía a la cabeza era la de “Des-pa-ci-to…”, así que empecé a mover la cabeza adelante y atrás, como si me costara engullir. Parecía una paloma.
El caso es que, no comprendo por qué, la despampanante insistió por segunda vez:
“¿Te pasa algo?”
La burbuja musical hizo “plop” y me vi frente a semejante belleza, callado, con cara de boniato y haciendo ligeros movimientos de cadera. Como Forrest Gump cuando le pusieron los hierros.
Pero lo tenía claro. Había llegado el momento de la verdad. Era ahora o nunca.
La miré fijamente a los labios. Y fue entonces cuando a ella no se le ocurre otra cosa que humedecérselos. ¡Madre mía! Saltaron todas las alarmas.
La verdad es que ya había olvidado hasta la pregunta, así que de nuevo estaba en bucle intentando articular la respuesta a todo un enigma que no era capaz de descifrar.
Inesperadamente, ella, volvió a decirme algo:
“Hola, yo soy Pilar. ¿Y tú?»
“No. Yo no” respondí torpemente.
Su cara era un poema. Pero está claro que el destino quería unirnos, así que me replicó:
“¿Sabes? Eres muy gracioso.»
No sé cómo, pero lo único que salió de mi boca fue un sonido similar al que hace Homer Simpson cuando ve un escaparate lleno de Donuts. Hasta la babita se me cayó un poco.
Nos dimos de la mano, caminamos unos metros… Y al final nos casamos.
¡Y ya es oficial!