662. ¡YA ESTÁ AQUI EL VERANO!
Jesús Arizón García | Leocadio

Todos los viernes de Julio se produce una huida hacia las playas, Matalascañas en Huelva y Chipiona en Cádiz, reparten cada palmo de arena entre una muchedumbre de cuerpos mojados; los toldos, las neveras portátiles y las barrigas liberadas parcelan las playas. La moda de los nombres “raros” que alguna serie de televisión puso de moda, llena el ambiente de “Vanesas” que han derivado hacia el apelativo más cariñoso de “Vanezi”.
Una gorda recrimina a su hijo desde la orilla.
-¡Shónatan, asálete del agua!.
De las neveras, como un nuevo milagro de “los panes y los peces”, salen todo tipo de bebidas y comida, ensaladilla, pimientos asados, tortillas, filetes empanados, sandías y mucho papel de aluminio envolviéndolo todo.
Un “chupao” muy “renegrío” se pasea por la arena con una radio, más grande que él, apoyada en el hombro, el estruendo del último disco de la “Niña Pastori” retumba entre las olas.
-¡Niño!, ¡Vete al carajo con la radio!, ya no va podé uno está tranquilo en ningún lao.
El cabrón del niño le responde subiendo el volumen.
De los “chiringuitos” sale un profundo olor a sardinas y en las barras se rivaliza encarnizadamente por un “tinto de verano”, el sudor recorre las caras enrojecidas y los camareros resoplan.
Una legión de barrigas rojas con gorra de propaganda, bañador a cuadros y chanclas con velcro, se abre paso con vasos llenos, platos de pimientos asados y coquinas que derraman su cálida salsa sobre otros que, afortunadamente, ya han podido sentarse a comer.
-¡Picha!, que yo ya me he duchao, menos mal que no me he traío a la playa el “ermoking”.
Hagan lo que hagan, las suegras los “pondrán a parir”.
-¡Hay que vé lo que tarda este hombre, los de la mesa de al lao han llegao mas tarde y ya están en los postres, Pepa, hija, tienes ganao el cielo, yo, desde luego, no he visto en mi vida un tío mas “vaina”!
-¡El adobo está frío y la cerveza caliente, pero, claro como es tan agarrao, siempre nos trae donde hay mas bulla, acuérdate que tu padre siempre nos llevaba al Faro, qué buen pescao y qué camareros tan rápidos, sentaítos y en una mesa dando al malecón con ese fresquito que daba gloria, verás cómo ahora dirá que no se puede ir a ningún lao con tanta gente y lo caro que está todo!
-¡Pepa, yo no sé por qué no guisas algún día en el apartamento, ahora que está tu madre y tu hermana con nosotros podías hacerme un buen puchero, yo ya estoy hasta los cojones de pegarme con la gente y, encima, te cobran una joía barbaridá por cuatro platos de morralla!.
La suegra hace un gesto a su hija mientras le da una patadita por debajo de la mesa.
De noche, se dan largos paseos buscando la brisa marina; el apartamento, que han alquilado para cuatro personas, tiene que alargarse para meter también a la cuñada y sus dos hijos; en total, ocho, y tratan, como sea, de retrasar el reparto de colchones y aire.