817. YO SOY ANA
MARIÀNGELS SALGADO GOMEZ | MANGELS

Él me esperaba en la estación del AVE de Atocha. Le había contratado por WhatsApp para una visita turística a la ciudad. Lo reconocí enseguida, vi al joven que sostenía el cartel de ANA. Me faltó tiempo para saludarlo efusivamente con la mano al descender del tren, y se acercó a mí un poco intrigado.
– Soy Ana. Me alegro de conocerte – dije señalando la salida para coger el taxi que nos llevaría a mi hotel mientras arrastraba con torpeza mi maleta.
– Encantado Ana, en el taxi te entregaré el dossier que debes firmar – me dio la mano con expresión de sorpresa
Salimos a la calle y cogimos el coche que nos estaba esperando. Él dio una dirección al conductor, y me alargó la documentación.
– Es preciso que te leas el contrato – me dijo en voz baja
– ¿Contrato? ¡Ah! – pensé que todo sería más informal, que era una visita a la ciudad y a los barrios más castizos, pero cogí el dossier. – Ya lo leeré más tarde…
– Pensé que eras más joven- me dijo
– Por WhatsApp no sale mi foto, claro, puede inducir a error… – dije un poco molesta
– Pero el contrato es para posar en ropa interior y pensé que tu…
– ¿Qué contrato? ¿Para visitar la ciudad hay que firmar algo? – dije alarmada
– ¿Qué ciudad? ¿Qué visita? ¿No eres Ana? – subió el tono de voz alarmado y me quitó el dossier.…
– ¿Pero tú no eres Marco de la agencia de viajes?
– No, yo soy Lucas, de la agencia de modelos… Así que ¿No eres Ana?
– Sí, claro, ¡¡¡Soy Ana!!!
Me revolví en el taxi que me pareció que se alejaba de la ciudad, con un desconocido al lado.
– Ana Lobos ¿Eres Ana Lobos?
– No… ¡Me llamo Ana Mercader! – entonces intuí que había un error, que me había montado en el taxi equivocado y con la persona equivocada.
Dimos media vuelta hacia la estación para recuperar yo a Marcos, y él a la otra Ana…
– Dios mío, ¡Que confusión más ridícula! – le dije – Yo vengo a una reunión de trabajo, pero es mañana, y quería aprovechar la tarde para conocer la ciudad…
– Pues yo ya voy con el tiempo justo, y espero que la otra Ana no se haya marchado por su cuenta…
Cuando llegamos a la estación allí estaban ellos. Un joven y guapo estudiante con una chica alta y delgada que esperaban en la calle. Ni él ni ella se parecían a nosotros. Lucas se acercó a ella, mientras yo sacaba mi equipaje del taxi.
– ¿Ana Lobos? Soy Lucas, de la agencia…
La chica se lo miró de arriba abajo con sorpresa, y resulta que ¡¡¡ tampoco era ella!!!
No quedó otro remedio que entrar corriendo a la terminal yo con mi maleta arrastrando a buscar otro par de jóvenes que respondieran a nuestras citas.