1457. YOGA KUNDALINI
Carmen María Hernández Pastor | Casandra

Dio un trago a la cerveza y- tras esbozar una sonrisa radiante que lo dejó perplejo- le espetó: » me parece súper romántico Mariano, ¡sed felices! Si es que es todo un clásico.El empresario, la secretaria… La erótica del poder supongo» afirmó divertida, mientras apuraba la cerveza y devoraba con fruición el jamón de bellota y las alcachofas confitadas. Aquella cálida acogida a una demanda de divorcio tras veinte años de matrimonio lo dejo pasmado. Había planteado en su mente mil escenarios posibles y, en todos ellos, había una Candela llorosa que le recriminaba veintitantos años de sacrificio tirados por la borda. No entendía nada y eso le daba más miedo aún. Un miedo difuso, sin fundamento alguno. El era un hombre cabal, cuando se casaron firmaron separación de bienes y aunque no era un desalmado- pensaba ser generoso- sabía que ella no quedaba en buena situación, tampoco en ese terreno. De repente le entró un poco de ternura, se sintió un cabrón y temió que se hubiera vuelto loca. » Candela, enfádate, asimilar esta noticia no es fácil…» Expuso él, que había fraguado la quedada en un restaurante y no en casa, para minimizar el impacto de la reacción. Candela volvió a sonreír, con un gesto entre malévolo y compasivo , y pidió el postre: » tarta de chocolate y plátano con dulce de leche, por favor» . Mariano la miraba consternado y en silencio, esperando un desenlace que restara surrealismo a la escena. Tras deleitarse con las primeras cucharadas, Candela se decidió a hablar mientras él la miraba, atónito. » No me he vuelto loca Mariano, descuida. Es triste comprobar lo mucho que te conozco y lo poco que tú me conoces a mí. Aunque supongo que es la única » ventaja» que te saco en esta historia… Lo de Mónica lo imaginaba, desde hace tiempo, no eres tan eficiente como piensas ocultando cosas. Sospecharlo me vino muy bien porque me llevó a terapia y a trabajar mi autoestima. Como los niños ya son grandes y tú andabas siempre » ocupado» he tenido tiempo de sobra para pensar, a veces demasiado, y mi terapeuta- una mujer encantadora- me recomendó unas clases de yoga Kundalini. Seguí su consejo y llevo un par de meses yendo . El monitor está bastante flipado pero también está buenísimo y nadie es perfecto. Siempre nos está diciendo que proyectemos abundancia y así la atraeremos. Yo soy escéptica, claro, pero ayer, acordándome de él, compré un boleto de lotería y me ha tocado una cierta cantidad. Me vas a perdonar pero me tengo que ir, cojo un vuelo a Ibiza en unas horas para asistir a un retiro espiritual. Pago yo. Te quedas con Marta y Leo este finde, tómalo como unas prácticas de cara a la custodia compartida. Sat Nam, querido.»
Cuando se marchó, Mariano, aún estupefacto, metió la palabra Kundalini en el buscador y ,la primera noticia que salió, rezaba» Kundalini, el orgasmo cósmico».